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Epecuén, entre el agua y los escombros


La típica postal de lo que hoy es Epecuén. Calles inundadas entre montañas de escombros

A más de 500 km de la Ciudad de Buenos Aires se encuentran las ruinas de Epecuén. La villa había sido un punto turísitico importante, en donde cada año llegaba gente de todas partes para bañarse en sus mágicas aguas.

Su lago se hizo famoso por sus propiedades curativas. Su alta concentración de sales al estilo Mar Muerto atraía visitantes de diversos lugares del mundo para rehabilitarse, y disminuir sus dolencias. Hasta que la catástrofe lo cambió todo.



Mezcla de fatalidad y negligencia

Algunos vestigios intactos de objetos habituales de la villa

El lago tenía un caudal inestable. En 1975 se comenzó a construir una obra de ingeniería la cual haría que no se secara ni se inundara. Pero un año más tarde, los militares decidieron destruir la democracia, robándole al gobierno legítimo la presidencia, y entre las innumerables cosas que hicieron pésimo, se pararon las obras del canal. Año tras año la laguna crecía más de 50 cm...crónica de una muerte catástrofe anunciada. La vuelta a la democracia trajo el aire que todos esperaban, pero una vez más se olvidaron de Epecuén.

Hasta que finalmente el 10 de noviembre de 1985 el terraplén que protegía al pueblo colapsó y dejo en tres semanas todo el lugar en ruinas.

Si bien se dice que no hubo fatalidades (leasé muertes...preguntale a los exs habitantes de la villa si abandonar su vida en menos de un mes no es una fatalidad), el pueblo tuvo que ser evacuado en su totalidad.



Lo que el agua se llevó

Alguna casa de Epecuén, que hoy es sólo ve ruinas y árboles sin vida de pie

La primera vez que vi fotos de Villa Epecuén quedé consternada. Un pueblo, que hace sólo un par de décadas, era testigo de las vivencias de miles de personas que transitaban el lugar; personas que disfrutaban año a año sus vacaciones a orillas del lago; personas que iban a curarse todo tipo de enfermedades a sus mágicas aguas hipersalinas, personas que habían elegido ese pueblo para vivir por el resto de sus días en búsqueda de esa tranquilidad tan soñada…personas que lo perdieron todo en sólo un par de días.

No puedo imaginar lo que habrán vivenciado los habitantes al volver y ver su pueblo totalmente en ruinas. Si uno que vive a cientos de kilómetros de allí, le resulta abrumador… ¿qué sentirán ellos? Todo lo pasado, todo lo perdido, todo lo que no podrá volver a ser jamás.


Mientras caminás entre sus calles, intentando leer el cartel del nombre que quedó tirado por ahí, entre escombros de concreto, te topás con rastros de aquellos días: azulejos antiguos, de esos que hace añares ya no se ven...piezas de porcelana que habrán sido ¿platos? ¿tazas?, imposible distinguirlo tan pequeños…pedazos de copas que vaya a saber uno de cuántos brindis fueron parte…vestigios por doquier de que ese lugar completamente devastado, algún día fue escenario de tantas historias. Historias que son anécdotas imborrables en las mentes de quienes vivieron el auge de la villa…lo único que el agua no se puedo llevar.





Visitar Epecuén hoy

En la actualidad se pueden visitar las ruinas, dado que el agua retrocedió bastante. Sin embargo el pueblo es escombros. No encontrás ni un kiosco para comprarte un agua. Si querés visitarlo, tenés que parar en algún lugar cercano. Uno de los pueblos vecinos es Carhué, que se encuentra a 7 km de Epecuén, y es súper digno de ser visitado. Podés leerte el post ¿Qué hacer en Carhué? para averiguar más data del lugar.




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