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La vida de viajero...lo que no se cuenta


¿Qué hay detrás de las fotos súper divinas de viajeros que ves en las redes sociales? Te aseguro que está un poco lejos de la vida perfecta de spot publicitario que imaginás (o te hicieron imaginar)

Hay tantas cosas que ven mis ojos últimamente que no sé por dónde empezar. Además de todo lo lindo que tiene viajar y conocer tantos paisajes, gente, y costumbres diferentes hay un lado B que nadie te lo cuenta. Así que si estás planeando tu viaje por el mundo sin fecha de regreso como yo, o simplemente un viaje más largo de los que solés hacer habitualmente, no te pierdas este post!



Vas a extrañar…y mucho

Obvio que uno lo sabe de antemano, pero creo no lo dimensiona tal como es (gracias inconsciente por tus mecanismos de defensa, sino creo que nadie se animaría a viajar). Creo que somos unos súper bendecidos que vivimos en esta época del boom de la comunicación en donde con sólo tener internet, podés hablar, videollamar, mandar audios de mil minutos (otra vez la exageración argenta). Sin importar en qué rincón del mundo estés.

Aunque siempre vas a encontrar gente genial por el camino!

Pero, aunque tengamos la facilidad de comunicarnos, no hay red social, ni aplicación que reemplace el contacto corporal con el otro, las mateadas con facturas, las juntadas con birra. Al margen de la actividad en sí, es lo que se general al estar físicamente…las dinámicas, los mil temas de conversación, las formas de interactuar entre nosotros, que aunque uno no quiera, mediante lo tecnológico se pierde, y mucho.

Y más si sos de las personas al gran estilo Geri, que no suele expresar sus sentimientos. Pero si algo aprendí en este viaje es a empezar a comunicarme más sinceramente con mis afectos. El típico “¿cómo estás?”, que al menos en Argentina, siempre se contesta “bien” innatamente, se convirtió en ampliar un poquito, contar mis dudas, mis miedos (además de todo lo lindo que uno vive) y cómo vengo llevando la distancia en países con con tradiciones tan distintas.

Así que mi consejo es: hablá. Expresate con las personas que te están dando el lugar; compartí lo que te pasa, desahógate que por alojar tus sentimientos de incomodidad no hace que disfrutes menos el viaje, por el contrario, creo que lo disfrutás más.


Tu país

Eso que no soy la típica argenta que se la pasa de peña en peña, escuchando música nacional (bueno sí, sólo Cerati y Abelito), ni cocinando comida bien argentina, aunque creo que eso se dejó un poco de lado cuando dejé de comer animales.

Viajá siempre con algo que te acerque más a eso que tanto extrañás

Pero no te puedo explicar lo que se extraña mi país. Mirá que me vine con mi bandera y mi mate (aunque creo que voy a entrar en crisis cuando se me esté acabando el paquete de yerba que me queda), las canciones de Soda suenan día por medio en mi celular; pero la esencia argenta no se puede traer. Creo que hay muchísimas cosas que , al menos en Sudamérica, no funcionan bien…desde el transporte, lo burocrático, la agilidad en un montón de cosas no existe, y aún así, hasta ahora no cambiaría a mi país.

Me encanta a ir a la parada del bondi y que me diga a qué hora viene, me encanta ir al supermercado y encontrar mil opciones veggies, me encanta saber que la moneda no se devalúa segundo a segundo y los precios son los mismos que ayer, me encanta mirar el celular tranquila o apoyar la mochila en cualquier lugar sin sentir que me van a robar…hay un montón de cosas que están buenísimas por estos lados. Pero extraño la solidaridad argentina, el levantarse a dejar el asiento a quien lo necesita, respetar (y armar) filas, el pensar en el otro, la calidez argenta (o latina en general). Es a la distancia lamentablemente que uno valora tantas cosas buenas que tiene tu lugar…y el idioma! Lo que extraño hablar en español, escuchar a alguien y entenderlo…es un respiro encontrar a alguien que hable tu idioma. Si bien, mi inglés es funcional y sirve para comunicarme, no puedo expresar todo lo que quiero, con mis palabras, modismos bien argentos.


Las comidas

En un mini pueblito italiano, entre viñedos y cultivos de zapallo...pero con Dulce de leche

Este es el apartado de gorda lechona, porque si hay algo que extraño un montón, son las comidas de mi país. Me encanta probar comidas nuevas, condimentos nuevos (ahora te escribo tomando un mate con flores de vlierbloesem), formas diferentes de cocinar, pero no te voy a mentir…el gusto típico de tu país es muy difícil de encontrar. Muero por unas empanadas (ya saben que comida hacerme al regreso), unas facturas con dulce de leche, las pizzas chorreando muzzarela y aceite, las milanesas de seitán, y las tartas de espinaca y aceitunas de mi amor…ahora entiendo cómo bajé 4 kilos en mi primer mes de viaje. Mirá que le pongo onda en cocinar a lo argento, pero no llego a encontrar el mismo sabor.



La zona de confort


Se re extraña. Aunque haya mil autores que hablen del crecimiento de salir de esa zona de confort, discúlpenme, pero dudo que hayan escrito sus textos de un lugar que no se sientan cómodos.

No tengo dudas que esta incomodidad que se siente estando en un rol diferente, en un lugar que no es el tuyo, es una manera , algo brusca, de reinventarte, re-encontrarte, buscarle la vuelta y crecer…pero también se extraña ese lugar de seguridad, en el que podías acobijarte después de todo lo nuevo, de todo lo diferente que estás viviendo.



Armar/desarmar la mochila


En Dinamarca, además de encontrarme una montaña de ropa en la calle, me encontré una carry on. Pensé, es mi oportunidad para no armar/desarmar tanto la mochilota. Ilusa. No hay nada como la mochila al hombro.

Me agota tener que armar la mochila cada un par de días. Me encantaría apretar un botoncito y que salga la ropa que quiero (y queda toda ordenado), o un doctorado en el método de organizar la ropa, de Marie Kondo. No importa cuántos tutoriales veas de cómo organizar estratégicamente y ergonómicamente la mochila, si toda tu vida, tu casa, y lo material, lo llevás puesto a los hombros, siempre será estresante que quepa todo.

Todo lo que solías hacer, se extraña por mil. Ni hablar de mi profesión, mis pacientes, mis gritos efusivos al trabajar, y las horas y horas tirada en el suelo jugando. Y aunque no me puedo quejar que uno tiene un imán para cierto tipo de gente que necesita de tu ayuda, extraño un montón trabajar. Aunque no el trabajar con horarios, rutinas, y todo lo aburrido del rol de trabajador, pero sí todo lo que lograba con la gente con la que trabajaba. Esas cositas minis que se conseguían al ver a alguien agarrando una cuchara, una palabra donde no la había, un ratito sin esa conducta estereotipada, una mirada…todas esas satisfacciones que me generaban trabajar de mi profesión, ya no están.



Bueno, al final, parecería que es un bajón irte de viaje por el mundo. Se extraña un montón, vivís situaciones incómodas...para eso me quedo en casa. No, ni cerca quiero que te quedes con esa sensación. Hay muchísimas cosas que me encantan de viajar...algunas te las conté en el post "¿Qué te convoca a estar en un viaje permanente?". Simplemente, que hay mucho más detrás de las imágenes que ves en redes sociales de gente súper feliz en lugares increíbles. Muchos de ellos, es gente común y corriente, con necesidades y problemas al igual que vos, sólo que decidieron hacer de los viajes un estilo de vida. Y extrañar ciertas cosas que tenías en tu tierra natal, es otro matiz del ser viajero.

Hace poquito, escuché a Valentina Ferrario en unos de sus podcast hablando de la vuelta luego de un viaje largo y hubo algo que me quedó resonando. Decía algo así como que había gente que veía la vuelta como una especie de fracaso, pero que en realidad es un privilegio saber que siempre se puede volver.Y sí. Así que extrañá todo lo que quieras...que siempre se puede volver.


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