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De viaje por el sur de Holanda

Actualizado: 13 de dic de 2019


Adorable puente (como diría Gustavo), en Maastricht

Por si no lo dije suficientes veces: me encantó Países Bajos. Lo poco que llegué a recorrer me ha dejado anonadada, porque sinceramente, no imaginaba que me iba a gustar tanto. Así que si se quedaron con ganas de saber más acerca de este país, después de haber leído Lo que Holanda me dejó...abróchense los cinturones. Tranqui, no creo que te haga volar, sólo que nos recuerda lo lindo que es viajar en avión.



En fin, en este post te voy a contar mi recorrido por el sur de Holanda, ese maravilloso lugar que descubrí casi de casualidad.

Todo comenzó (algún tiempo atrás en la isla del sol) la última semana de marzo, cuando fui a Mheer a hacer un voluntariado. Antes de postularme vi que el lugar quedaba cerca de Maastricht y aunque no lo había escuchado antes, parecía una ciudad diferente de las que había conocido hasta le momento. Y para colmo, vi unas fotos divinas con mucho verde en la casa donde realizaría el voluntariado. ¡Listo! No se habla más...¿dónde me anoto?


Mheer


Y así fue que llegué a Mheer, un lugar que nunca en mi existencia me imaginé estar. En general, uno suele buscar siempre las ciudades más concurridas para viajar, ignorando lugares increíbles por no ser tan conocidos.


Mheer, es un pueblito que tiene menos de mil habitantes, un castillo, un par de callecitas, y mucho verde alrededor. La gente que me cruzaba en la parada del bus, se interesaba por saber de dónde era y cómo había llegado hasta allí. Imaginate ser de un mini pueblo holandés, y cruzarte con una pitufa, rubia teñida con bronceado sudamericano, y dos mochilotas gigantes. Debe ser un flash..¿será por eso que me preguntaron tanto?

Muchas de las personas con las que interactué, decían que les costaba hablar en inglés, pero aún así, buscaban las palabras para preguntar todo lo que querían saber. Desde ya que me encantó la tranquilidad y la paz del lugar, pero la gente se gana todos los puntos


Noorbeek


Es el pueblo que está pegadito a Mheer. Podés llegar caminando y serán menos de 2 km. Me dio la sensación que es un poquito más grande que Mheer, y aunque no tenga su propio castillo, tiene una iglesia muy chula con una cúpula que se ve varios kilómetros a la redonda. De hecho, el día que me perdí en el medio del bosque en Bélgica, y ví la punta de esta iglesia, supe que aunque estaba perdida, al menos sabía cómo llegar a Noorbeek. Golazo.



Beautenaken


Seguía caminando, y me topé con este otro pueblito...divino, mucho verde, pero hay algo que a mi me tocó un montón. Hace muchísimos años, cuando tenía 4 o 5, mi mamá había empapelado un modular (que separaba mi habitación del comedor). Sí, ya sé que estoy vieja porque ya ni se habla de empapelar, pero en esa época era algo común. Y tengo el recuerdo de que el dibujito del empapelado eran mini colinas con una casita y árboles...ahí como perdida en alguna colina. Pasé años y años de mi vida viendo ese empapelado, incluso a veces pensaba de que lugar del mundo será. Y bueno, hoy te digo que ese lugar es este. Ni bien lo vi, retrocedí 25 años y por primera vez, vi ese empapelado en la vida real. Esa sensación tan hermosa me produjo este pueblo. Y, aunque hayas tenido el mismo empapelado, es súper lindo el paisaje con las mini colinitas y las casas separadas entre sí.




Slenaken


También es otro pueblo pero un poco más pro que los otros. Tiene más restaurantcitos y lugares para parar a tomar algo (parado como los holandeses, o sentado). Una de las cosas que más he visto durante el trekking fueron bicicletas...muchas.

De camino hacia Heijenrath...con razón me quedé sin aire

De hecho, creo que era una de las pocas que hacía ese recorrido caminando, ya que todos lo hacían en bici, y vestidos para la ocasión.

Entre ellos, vi a muchísimo parar en este pueblo, para descansar, almorzar, o picotear algo antes de seguir viaje. Después supe por qué. El camino que seguía hacia el próximo pueblo tenía muchísimas subidas



Heijenrath

Después de las subiditas (con algunas pausas en el medio), llegué a este mini mini pueblito, que creo que es el más chiquito de todos los que vi hasta el momento. Aunque tenía todas las intenciones de seguir, mis piecitos después de haber hecho esos 8 km con subidas y bajadas, dijeron "basta Geri". Y hasta acá llegué...quería aprovechar el wifi para mandar unos audios, pero las ovejitas estaban balando muy fuerte jeje esas cosas que te pasan en medio de la nada.

Hay otros pueblos en el camino, pero lo más copado de todo, es llegar a Gulpen, donde se hace la famosa cerveza


Maastricht

Está justo para el otro lado, así que lo recorrí al otro día. Esta sí es una ciudad, así que es muchísimo más grande y repleta de gente, por todos lados. Tiene la plaza central, un par de iglesias copadísimas, mercaditos (de comidas, de pulgas), muchos lugares para comer y/o birrear, y muchísimas tiendas re topísimas para gastarte todos los euros. Pero como al matecito le copa más estar al aire libre, te cuento que tiene un parquecito divino, con los patos pasándote por al lado, justo cuando salís de la muralla.


Dato de color/rata tip: Tengo que confesarte que me encanta llegar a algún pueblo/ciudad e ir a la oficina de turismo a conseguir un mapa. Aunque en Maastricht tuve que hacer una excepción, porque el mapa te lo podías llevar pagando 1,75 euros. No es mucho, pero imaginate que hoy cené con 0,40 euros, así que un mapa eran como cuatro comidas. Memoria visual mode on.


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